7.28.2005

adiós, rey sol

Psssst. Aquí entre nos: me hiciste sonreir. Claro que recuerdo el limón dulce de tu piel, el tacto exacto de tu boca comiéndose mi boca, tu ombligo hondo y hasta los dedos de los pies. Pero hoy no se trata de eso: es de tu luz, de que siempre te sentís rico, todo un ganador. De pronto la costumbre repele, pero la verdad es que estás en tu derecho, y es así: sos un galán de telenovela, estás re-lindo, entre el cliché y tu ingenuidad. Yo sé lo que no contás — sos un gran tímido — pero cuando los reflectores van, vos vas con todas, y casi siempre te sale más que bien. Gracias por mi cuerpo ante el espejo, aguardando tus ojitos pequeños que memorizan todo; mi cara iluminada de tu risa en una plaza; la rabia a flor de piel (para saber que soy de fuego); la fantasía de estar muy bien vestidos y atrapados en una peli en blanco y negro mientras de la radio descascarada suenan Duke y Billie y nosotros bailamos en la pieza de un hotel de segunda sin jamás despegarnos la mirada. Me endulzaste, león. Suerte la mía de haberte amado antes que nadie más te colmara, o te estrujara, ese gran corazón.

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